jueves, 19 de mayo de 2011


22:00 hs.

Se mordió los labios para no hacer la pregunta en voz alta.

No volverías y ella lo presintió todo ese tiempo, ese minúsculo espacio que se guarda entre dos horas.
Preparó la cena en silencio, aunque podía escuchar a su perro interior mordiéndole los huesos y el pensamiento. Puso la vajilla sobre la mesa y se sentó sabiendo que no debería esperarte. No pudo siquiera con el único bocado. Como una autómata fue hacia el televisor y lo encendió.
Y miró miró y miró las imágenes de otros momentos, escuchó y leyó hasta que los labios comenzaron a sangrar.



(Mis condolencias a los familiares de los pasajeros del vuelo 5428)

lunes, 16 de mayo de 2011

Cuando quiero volver a la infancia tomo matecocido –sí, todo junto-. Me siento y dejo que la taza enorme –“de huérfano”, diría Mercedes- comience la magia del aroma que asciende escondiéndose en el humo.
Entonces llega mi abuela, mis tíos, mis primas y es un cocoliche de fantasmas entre vivos y muertos.
Juego a la generala, al ta te ti y a la canasta, escucho arpas celtas y el ladrido de ese perro fastidioso que me odia y es recíproco. Tengo el pelo largo y un saquito rosa, de banlon, que debo calzarme si quiero salir a jugar al patio hasta que se me pelen las rodillas, porque los juegos en el patio no son acinéticos como la canasta.
La ventana de un dormitorio se vuelve bazar y la del otro una farmacia donde los remedios verdaderos están en sus cajitas y jamás se nos ocurriría abrirlas sólo porque nos han dicho “jueguen pero nos las abran”. Así, tan simple.
El ropero mayor es el mayor escondite, las baldosas de colores una rayuela y nos reímos a carcajadas porque la tía más joven llegó luciendo pestañas postizas. Estrena Fairlane, también y nuevo novio. De dónde vendrá pregunta Silvina. Nadie sabe.
El comino invadió la casa como una inundación invisible; las empanadas están listas; llueve, alguien pone un balde debajo de la gotera.
El matecocido ya se terminó.






miércoles, 11 de mayo de 2011

El misterio develado

¿Y quién te dice que no sea verdad?

Una de mis primeras excursiones por Bahía Azul fue la vuelta del perro a la plaza. Pintoresca; la flanquean una delegación municipal, la iglesia, la escuela y el pequeño museo como la mayoría de las plazas de pueblo. Pero ésta tiene algo especial y es un monumento a Heriberto Pierrotti Della Mare. Es tan grande que desentona con el lugar. Cuando pregunté quién era este personaje nadie supo decirme, lo que acrecentó mi curiosidad. Ya instalado el servicio de internet me aboqué a buscar datos pero no encontré nada. Entonces pensé que quizá hubiera sido uno de los fundadores –pero esto los del pueblo lo sabrían- y fui hasta la delegación municipal. Nada. Recorrí el museo. Nada. Busqué en los viejos registros. Nada. Un total desconocido. ¿Cómo podía ser que la plaza tuviera semejante estatua y nadie supiera a quién pertenece?
Ayer, mientras leía sentada en un banco frente a don Heriberto, se apareció un viejito y se sentó a mi lado.
-Enzo Fuschetti, artista –dijo y  tendió la mano.
El parecido con la estatua era increíble. No emití palabra, mis ojos se ocuparon de eso. Alzó los ojos hacia ella y susurró como si hubiera mucha gente:
-Sí, Io sono la statua…
Habló durante largo rato en un italiano argentinizado que a veces se me hizo incomprensible. Al irse me di cuenta de que había olvidado preguntarle por qué se cambió de nombre.
Bahía Azul, aunque sea un pueblo chico, está llena de magia, se encuentran historias fantásticas en cada esquina.

lunes, 9 de mayo de 2011

Chapaymanta y su mala suerte

El intendente abrió la temporada de clásicos en el flamante teatro Chapaymanta que, después de varios años de empeño –tozudez decían algunos- y sacrificio, la Asociación de residentes bolivianos, erigió como un agradecimiento para ese pueblo del sur que los supo albergar sin demasiados inconvenientes.
Si bien la función de estreno fue un éxito, actores y operarios, después del brindis se reunieron inquietos.
Hubo quienes –los más optimistas- abogaron por darle un tiempo al lugar, “¡pero si recién se inaugura!”. Ganaron los contrarios, por supuesto.
El tema es que a Chapaymanta le faltaba un fantasma y conocido es que un teatro sin fantasma bien podría ser una sociedad de fomento o cualquier otra cosa, pero menos un teatro que se precie de tal.
El sindicato de actores, el de tramoyistas, el de costureras, etc., dictaminaron: se suspenden las actividades hasta tanto no se cuente con un fantasma, como los teatros de las grandes ciudades.
El pueblo entero se puso en campaña ¿pero cómo conseguirlo? Se presentaron dos o tres suicidas para poder llevar a cabo su última tarea sobre el escenario y perpetuarse así por toda la eternidad y de paso hacerle un favor al público deseoso de los espectáculos pendientes.
Cuando me fui, todavía estaban a la espera del fantasma y la Comisión Directiva de la A.R.B. al borde del colapso. Espero que al volver hayan reabierto la temporada.


Imagen extraída de Internet.

miércoles, 4 de mayo de 2011

Negro


Cuando lo vi estaba cerca de un nido de palomas. El árbol, en esa época era solamente un lío de ramas tristes esperando el cambio de estación. Los demás pájaros revoloteaban alrededor pero nadie se animó a posarse, ni siquiera los dueños del nido.
Era negro, demasiado negro y tenía el pico anaranjado, desentonaba con el resto del paisaje que ya comenzaba a reverdecer.
Llevo años estudiando los pájaros que habitan mi parque. No es una actividad a la que me haya abocado por pasión, comenzó con la necesidad de encontrar algo de tranquilidad. Suelo despertarme temprano, abrir la ventana y tratar de descubrir cuántos brotes trajo la mañana, por ejemplo. Fue imposible, entonces, no tener en cuenta a las distintas especies de pájaros. Generalmente conviven en armonía, pero hace unas semanas, ciertos comportamientos entre palomas y horneros me sorprendió: peleaban en vuelo. No pude encontrar razón alguna. No di más atención al asunto  pero ahora esa imagen de la pelea me ronda como un fantasma.

Anoche Braulio vino a cenar. Hombre de pocas pero certeras palabras. Le conté del pájaro negro y pico anaranjado y lo que pasaba con él y los demás, que nadie quería acercarse. Le conté también de la pelea.
Braulio escuchó sin mirarme, ocupado en sus bocados enormes, como si fuera la última comida. Siempre hace eso, me disgusta un poco pero no se lo digo.
Por fin habló.
-Es la muerte.
Lo miré incrédula, no suele bromear.
Él pareció entender.
-Nosotros, porque lo leímos, lo escuchamos, nos lo contaron, por lo que quieras, tenemos una imagen de la muerte: negra, sin cara, con una guadaña.
-Sí…
-Ellos también tienen la suya. Lo raro es que vos la hayas visto.

La conversación giró hacia otro lado y me alegré, no quería tocar esa clase de temas y menos durante la cena; la cena para mí es momento de relax.
Esta mañana volví a ver al pájaro negro, estaba mirando hacia la ventana. Cerré el vidrio y comencé con mis tareas habituales. Dos o tres veces miré de soslayo, el pájaro seguía ahí, posado sobre una rama que ya tiene hojas y flores. Sentí nerviosismo.

No sé qué pensar. Ahora acaba de posarse en el alféizar.


lunes, 2 de mayo de 2011

Vigilia

La bailarina de cajita se música sale del pan de manteca, apurate, apurate, me dice. No la entiendo, para qué quiere que me apure, soy mucho más grande que ella –en tamaño-, de un suspiro estaría donde quisiera. Ella no separa las piernas de su posición sobre la base giratoria. Es extraño, pero no tiene manteca por ningún lado. Me guiña un ojo. Hermosa. Apurate, repite, para qué, pregunto, hay que decidirse, responde, o dormís o despertás, pero algo, porque no puedo estar acá tanto tiempo.
Creo que me dormí.

domingo, 1 de mayo de 2011



Teoría de los buenos deseos


Que no te falte tiempo
para comer con los amigos
partir el pan,
reconocerse en las miradas.

Deseo que la noche
se te transforme en música
y la mesa en un largo
sonido de campanas.

Que nada te desvíe,
que nada te disturbe
que siempre tengas algo
de hoy para mañana
y que lo sepas dar
para regar las plantas
para cortar la leña,
para encender el fuego,
para ganar la lucha,
para que tengas paz.

que es la grave tarea
que me he impuesto esta noche
hermano mío.


Hamlet Lima Quintana